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MEDICINA DEPORTIVA
(sección publicada por Paloma Sanz)
LESIONES EN CICLISMO
La mayoría de las lesiones que se producen
en el ciclismo son debidas a la sobrecarga, por lo que es
interesante detectar posibles señales de alarma, y así actuar
en consecuencia En el ciclismo tenemos tres elementos: el
ciclista, la bicicleta y lo que le rodea (condiciones atmosféricas,
suelo. etc).
Las lesiones que encontramos dentro de este deporte son, fundamentalmente,
a nivel tendinoso, muscular y heridas, siendo menos frecuentes
las articulares y las fracturas. En estas últimas, que ocurren
en las caídas, es la más común la de clavícula junto con lesiones
en cabeza y cara, al producirse con los pies sujetos.
Dejamos a un lado este tipo de problemas sobre los que lo
único que podemos hacer es promover la utilización del casco
y poco más. Al igual que las heridas y quemaduras por roce
de la piel con el suelo, sobre las que nada podemos prevenir.
El otro gran bloque es el que se refiere a problemas tendinosos
que tienen como origen alteraciones biomecánicas, ya sean
por problemas de técnica o por inadecuación de la bicicleta
(altura de¡ sillín, posición de los pies en los pedales, o
cualquier cambio intempestivo de ellos, etc.) y por las variaciones
anatómicas de cada ciclista. Durante el pedaleo tenemos el
antepie permanentemente fijo; en el movimiento de flexión-extensión
la rodilla hace un recorrido que, visto de lado, dibuja un
ocho alargado con base superior, y todo ello habitualmente
desde el sillín. Esto hace que la rodilla tenga una rotación
externa e interna controlada por los músculos rotadores externos
(bíceps femoral y fascia lata) y los rotadores internos (sartorio,
semitendinoso y semi-membranoso). Si tenemos en cuenta que
en 100 km. se calculan de 15.000 a 20.000 pedaladas queda
claro que cualquier otro factor sumado, por aparentemente
insignificante que sea, puede facilitar la aparición de lesiones.
También nos encontramos con alteraciones en el aparato extensor
(tendón rotuliano, t. cuadricipital, alerones rotulianos,
articulación femoropatelar), sin olvidar al tendón de Aquiles.
Entre los factores que predisponen a dichas lesiones tenemos,
como ya hemos dicho, defectos de técnica y de material, a
los que hay que añadir la alimentación y la hidratación (la
falta de líquido favorece la aparición de lesiones y el exceso
de proteínas en la dieta, que condiciona un aumento en el
ácido úrico, también, puede ser origen de problemas); por
otro lado el uso de sustancias dopantes de cualquier tipo
y, en particular, de anabolizantes (aumentan la masa muscular
pero no la del tendón de inserción), las malas condiciones
atmosféricas, ya sea frío, lluvia o viento que agarrotan los
músculos o el excesivo calor por la perdida de líquido que
supone.
Otro grupo serán las relacionadas con la espalda, que debidas
a la posición mantenida, puede dar problemas a nivel lumbar
y, también, a nivel cervical, generalmente en montaña, siendo
frecuentes las contracturas. También lo son los calambres
favorecidos por el frío o por deficiente hidratación.
Todas las lesiones que hemos visto aparecen debido a la sobrecarga,
por lo que es interesante poder detectar algunas señales de
alarma: aumento en la frecuencia cardiaca en reposo, pérdida
de peso rápida o mantenida, disminución en calidad o cantidad
del sueño, fatiga persistente, entre otras. En estos casos
habrá que disminuir la carga de entrenamiento o, si fuera
necesario, suspenderlo temporalmente. Al ser un deporte tan
repetitivo la actuación, fundamentalmente, es la prevención:
- Examen médico previo.
- Adecuada relación ciclista - bicicleta.
- Buena técnica desde el principio.
- Ropa adecuada a las condiciones climáticas.
- Alimentación e hidratación adecuadas.
- No utilización de medicamentos sin prescripción.
- Utilización del casco.
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